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El poder de la amistad en ‘Quiero comerme tu páncreas’

En ocasiones, de un tiempo a esta parte, tenemos la fortuna de que se estrene en cines alguna película de animación proveniente de Japón en lugar de comercializarse directamente en formato doméstico. Lo que hace años era impensable, ahora sucede. Aunque en ocasiones se trate de eventos especiales de tan solo un día de duración en algunas salas seleccionadas, sigue siendo motivo de alegría. El mal llamado género (que alberga realmente todos los géneros posibles en su interior), comienza a ser visto con menor desprecio gracias a este tipo de iniciativas.

La última de las proyecciones en cartelera que nos ha llegado de la mano de Selecta Visión ha sido la de Quiero comerme tu páncreas (Let me eat your pancreas, 君の膵臓をたべたい, Kimi no suizo wo tabetai),  un largometraje dramático con gran popularidad en su país de origen. No en vano, se trata de una adaptación de una novela, de la que también hay versión en manga y película de acción real.

Quiero comerme tu páncreas, pese a lo que pudiera sugerirnos por su título, no sólo no es una invitación al canibalismo, sino que estamos ante un film amable, repleto de sentimientos positivos. Los humanos somos animales sociales -unos más que otros- y precisamente en este punto incide la trama principal.

Fruto del azar, mezclado con la curiosidad extrema, dos personajes comparten un secreto vital de uno de ellos. Nadie, salvo los padres de quien podría fallecer pronto debido a un fallo pancreático, conoce ese hecho.

La confidencia que llegó por casualidad provocó que dos personas que no tenían nada en común empezaran a verse con frecuencia. La amistad nació de esa información de la que los demás no disponían. La pareja fue conociéndose poco a poco, aumentando así su complicidad, su aprecio mutuo.

Las personalidad de los personajes protagonistas son opuestas. En cierto modo eso hace que se complementen a las mil maravillas. Alocada y dicharachera, con ganas de cumplir cada sueño, de vivir con ganas de cada día que le quede, tenemos a Sakura. Por otro lado, su contraparte nunca se ha preocupado por hacer buenas migas con nadie; lo único que le interesa son los libros hasta el punto de que está como bibliotecario en su instituto tras las clases. El tándem que forman es bastante tierno, cosa que da enteros a una historia que guarda una sorpresa inesperada, porque los caminos a veces no se recorren en línea recta, porque los rodeos, las bifurcaciones también forman parte del paseo y, si es bajo los cerezos, las emociones están más a flor de piel.