Relatos

Heroína del día a día.

Algún día debería ponerme las mallas a ver si así se me toma más en serio.

Cada mañana me levanto antes de que las calles estén puestas. No hay noche que logre acostarme antes del cambio de día.
<<No deberías haberte separado>> —me dicen algunos. <<A ti no hay quien te soporte y estarás sola toda la vida>> —comentan otros. Gracias por la opinión que no os he pedido y que está más vacía que el cascarón de un huevo abierto. Estoy mejor que nunca desde que dejé a Gabino. La decisión de cortar fue la mejor que pude tomar. ¿En qué me ayuda estar con alguien que sólo se valora a sí mismo y que no hace nada en una casa en la que también vive? ¿Para qué compartir una vida con alguien que de padre sólo tiene el apellido que dejó en herencia? Hasta me he liberado de quehaceres por esa parte, porque ya no tengo que lavarle los calzoncillos ni pelearme con él porque no se mueve del sofá mientras me mira con desdén o me habla con esa superioridad que tanto detestaba. ¿De qué obligaciones me hablaba ese inútil?

Trabajo duro para sacar adelante a mis hijos, para cuidarlos como mejor puedo. Sé que curro tanto o más que la mayoría de mis compañeros. Tengo constancia de que mi sueldo, sin embargo, es inferior al de ellos. Brecha salarial, que le llaman. Yo lo llamo socavón. Con lo que me pagan es imposible siquiera responder a los amigos de verdad que vas tirando cuando te preguntan qué tal la vida. Asfixiada es decir poco y si al menos tuvieran en cuenta mis ideas y no me trataran de modo paternalista o ignoraran mi postura, anímicamente sería otra historia.

A lo que hago en la oficina, se le suman las tareas que hago en casa para sacarme un dinero extra: remiendos en prendas y fiambreras para otros compañeros que no saben o no quieren cocinar. Yo sola ando con mis hijos para arriba y para abajo, tengo mi trabajo de ocho horas y luego esta todo ese otro tanto que me tiro entre retales y fogones. He tenido que aprender un poco de todo, pero no se me toma en serio en nada. Más quisiera ver yo a muchos de esos señores privilegiados que me miran por encima del hombro haciendo todo tipo de cálculos para llegar a fin de mes, luchando por revertir una situación insostenible.

No pegaré puñetazos a los malos (o ya me conocerían en los juzgados), pero desde luego llevo una vida digna de una heroína. Como yo hay muchas, la mayoría. Algunas lo desconocen. No se necesita una identidad secreta, solo las ganas de combatir contra las injusticias y de esas, contra nosotras, hay millones.

Presentado en #Heroínas.