El amor por la música y por lo romántico en «Yesterday»

Durante el periodo estival estuvo en cartelera Yesterday, una comedia británica de los creadores de otras tantas por las que en esta casa se siente veneración. Hablo de cosas como Love Actually, Cuatro bodas y un funeral, El diario de Bridget Jones o Una cuestión de tiempo.

Las complicaciones para encontrar sesiones afines a nuestra localización y disponibilidad horaria nos tuvieron un poco en vilo sobre cuándo llegaría el momento de ver esta película. Finalmente, aprovechando una tarde de tormenta, terminamos refugiados entre el proyector y la gran pantalla acompañados de un menú combo bajo el brazo.

Yesterday es una comedia romántica en la que tras un apagón algunas de las cosas que había en este mundo desaparecen. Nadie parece darse cuenta de ello: es como si no hubieran existido nunca. Sin embargo, el protagonista, Jack, tuvo un pequeño accidente a la vez que todo el planeta Tierra estaba sumido en la oscuridad durante un breve espacio de tiempo, por lo que su cabeza funciona de otra manera.

Quien se dedicaba a tratar de hacerse un hueco en el duro mundo de la música —yendo a doquier con su guitarra para cantar en garitos y festivales pequeños donde su manager y amiga de la infancia (Lily) le consiguiera un bolo— tiene ahora una misión única: tratar de hacer que las canciones de los Beatles no se pierdan en el olvido, cosa que, por otro lado, ya ha ocurrido a excepción de en su cabeza. Por ello, dispuesto a que todos puedan disfrutar de la música del grupo de pop más famoso de todos los tiempos, comienza a tocar y cantar sus éxitos por su barrio.

Yesterday es divertida, bonita y tiene una banda sonora genial, aunque esto último estaba claro teniendo en cuenta cuál es su tema central. Los personajes principales son completamente adorables y lo único que quiero es que saquen una versión sing along en su versión doméstica para desgañitarme en privado todo lo que no me atrevería en público aunque hicieran pases con karaoke.