Día: 16 octubre, 2017

Flotando con IT

Cuando vi el tráiler de IT, en una de las varias visitas al cine, me emocioné con la idea de que quizás se trataba de una adaptación a la altura de un libro genial que devoré a una velocidad asombrosa durante la adolescencia. A los pocos días de estrenarse IT, ahí estaba, con mi marido medio a rastras, y una ilusión tremenda por ver a aquel que se hace llamar Pennywise y que, dejemos claro ya, no es un payaso. Eso no es un payaso. Eso es tan solo una de las muchas formas que puede adoptar. Por eso se le conoce como Eso o, en inglés, IT.

De manera ordenada, se nos cuenta una historia de terror muy bien adaptada, con buenas dosis de sustos, con un malo de aúpa. El grupo protagonista también mola lo suyo, destacando por encima de todos ellos una cara conocida para quienes hemos visto Stranger Things y que no es ni mucho menos el líder del grupo, ni siquiera uno de los que luchan por el amor de la única fémina de los perdedores, pero es tan deslenguado, tan espabilado con respecto a los demás, que es imposible no sentirse atraído por esa sinvergonzonería.

En el libro íbamos de una época a otra. saltando de la infancia de unos niños a su época adulta, viendo escenas de dos luchas diferentes contra un mismo ser. En la película, hemos visto de manera ordenada la infancia de ese club de perdedores que unió sus fuerzas para acabar con el mayor de sus miedos. Hay anunciada una segunda parte que, previsiblemente, contará la historia de estos personajes de adultos, cerrando la historia por completo. Quién sabe si habrá un montaje del director mezclando todo, como en la novela, pero sería lo ideal. Al menos para la versión doméstica debería contemplarse esa posibilidad.

A pesar de no tener los flashbacks continuos, todo está bien en esta película. Capta a la perfección la tensión que brota en el relato original del que ya hubo versión cinéfila hace años, no tan acertada como ésta ni de lejos. El director (conocido también por su “mamá”), junto con el resto del equipo, ha logrado ofrecer un producto que llena por completo en un formato tan diferente al del papel. Uno en el que no creas las imágenes en tu cabeza a partir de las palabras que acabas de leer, sino que todo el componente visual te viene ya dado y, aunque trasladado a los años 80 (frente a décadas antes en la novela de Stephen King), el trabajo es soberbio.

Una película que ningún fan del terror debe perderse, tanto si ha leído el original como si no. Yo, por lo pronto, miraré a leerlo de nuevo, son muchos años sin recitar el conjuro, aunque cuando Bill, el protagonista, lo pronunció en la película, yo lo hice simultáneamente para mis adentros.

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