Viviendo entre alienígenas con los ‘Men in Black’

Antes de la proyección de Vengadores: Endgame pude ver el tráiler de la nueva película de Men in Black. Puesto que me tenía una pinta curiosa y el ver a Thessa y Chris me despertó el interés bastante, tocó ciclo de la trilogía original. Cabe decir que obviamente conocía la existencia de esos filmes protagonizados por Will Smith, pero no había llegado a verlos.

Por alguna razón, creía que la primera película trataba de la invasión de los extraterrestres. Me refiero a de cómo llegaban de repente y los echaban. Esa trama típica en el género sería el eje central y se repetiría en las siguientes, lo cual (en mi opinión) podía estar más que trillado, sobre todo para la segunda y tercera, que sería más de lo mismo. Me equivocaba y me alegro por ello.

El tema principal de Men in Black es el de mostrarnos un mundo en el que los seres alienígenas se encuentran en nuestro planeta desde hace tiempo. Están por todas partes, camuflados entre los terrícolas. Tan solo unos cuantos lo saben: los «hombres de negro» o «Men in Black», que forman parte de una organización secreta que cuenta con alta tecnología.

Son películas curiosas que no son sobre guerras o invasiones, sino sobre convivencia entre especies, siguiendo unas reglas ya que, si no es así, es cuando surge el conflicto. Los agentes son los encargados de proteger el planeta si algo ocurriera y de borrar los recuerdos a los humanos que hayan tenido alguna experiencia que se salga de lo habitual y que les dé pistas sobre esos otros habitantes de los que tan solo habían escuchado, leído o visto cosas en ficción.

Lo mejor de Men in Black es que todo está en clave de humor. Son películas desenfadadas con un poco de acción y con un protagonista inteligente y divertido. Si la fórmula continúa así en la próxima, bienvenida sea.

Despidiendo la tercera fase del UCM con ‘Vengadores Endgame’

La llegada a cartelera de Vengadores: Endgame tuvo lugar el pasado 25 abril en España (26 en Estados Unidos) de manera simultánea en todo el mundo. La película, que se encuentra en el segundo puesto de las más taquilleras de la historia (el primero lo ostenta Avatar), tiene en su haber ya varios récords, como el del mayor de los estrenos en España o la que vendió más entradas de manera anticipada.

Después de cómo finalizó en 2018 Vengadores: Infinity War, se ha considerado por muchos este film como uno de los grandes eventos del año. No es para menos, pues no solo es la continuación de algo que quedó abierto con algo que supuso un desenlace inesperado, sino que es también el cierre de una etapa de más de una década. La llamada tercera fase del UCM finalizó aquí; la despedida final a Stan Lee en cuanto a sus cameos también se dio aquí.

En marzo cayó de cabeza el día del estreno la cita ineludible con Capitana Marvel. Lo mismo puede decirse de, poco más de un mes después, Vengadores: EndGame.

Las preguntas e hipótesis sobre lo que sucedería llevaban acompañándome desde el 17 de junio del año que nos precede. Desde Marvel ya avisan que no estamos preparados y, ciertamente, así es.

La montaña rusa de emociones, el cómo miran a resolver el embrollo en que se han visto por Thanos estaba ahí en cada fotograma. Esto se intensifica precisamente por el largo viaje de más de 20 películas previas. Veinte realizaciones que, si bien no es necesario haber visto, aportan lo suyo ya no sólo por el tema de conocer a tanto superhéroe y superheroína; también por detalles de la trama y escenas pensadas precisamente para quienes estuvimos ahí, viendo cómo se formó el grupo, cómo cada uno interactuaba con el resto, con mayor o menor apego. Siempre estaba ese fin común que los acercaba pese a las diferencias, cada Vengador sabe que el espíritu de superación y el compañerismo son necesarios para vencer cualquier amenaza y aunque es difícil dejas atrás las rencillas, son capaces de estar por encima de sus discusiones internas, de tirar por la borda su orgullo individual en pos de salvar el mundo uniendo fuerzas.

Cada tráiler que fue saliendo antes de que Endgame estuviera en salas nos mostraba tan solo pequeños detalles sobre esa fuerza de voluntad, ese deseo de vencer como fuera. El convencimiento de hacerlo «cueste lo que cueste» era esperanzador para que se volvieran a levantar quienes ya habían mordido el polvo, algo que conocía bien Carol Danvers pese a no haber estado en La Tierra durante el anterior combate. Ese soplo tan ínfimo al que aferrarse era la esperanza que todos necesitábamos.

Tres horas de película que se pasaron en un suspiro fue lo que realmente me encontré la noche que, junto a Moi, la vi. Gritos de júbilo, aplausos y llantos colmaban una sala que se había llenado, literalmente, a la llamada de «Vengadores, reuníos».

Redonda y apasionante. Repleta de escenas recreables una y otra vez. Podría decir que a estas alturas quiero 3000 a gran parte del elenco y me quedaría corta. La próxima parada serán los tejados de Queens. Hasta entonces, como mínimo, me acompañarán los recuerdos de esa experiencia con pañuelos llenos de mocos y lágrimas, y, entre tanto sollozo, resuena en la mente un único pensamiento: gracias por tanto.

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‘Persiguiendo a Kevin Smith’

De vez en cuando, en casa nos gusta hacernos ciclos de películas privados. Para ello escogemos sagas, géneros o directores y allá que vamos.

En lo que va de año han caído unos cuantos. Todos ellos han tenido el denominador común de que se trataba de revisiones. El último en el que nos hemos metido ha sido el de la filmografía de Kevin Smith, un chico de Jersey que adora los pequeños placeres como los cómics, el cine o la comida.

Una crítica cinéfila o el desgranar cada uno de los filmes es algo que no realizaré hoy. Prefiero hablar en su conjunto. Es curioso cómo desde Clerks el autor siempre ha puesto su inconfundible sello en cada una de sus creaciones. Se aprecia y disfruta de cada una que haya sido escrita y dirigida por él mismo. No es así si tan solo ha rodado, pero no ha trasteado con el guion, cosa que sucede en Cop Out (Vaya par de polis).

En todas sus historias nos muestra la importancia de los sentimientos, mostrados habitualmente desde personajes cotidianos y muy variados. Cada película tiene siempre: escenas con mensaje, dobles lecturas, crítica social, feminismo, humor y elementos propios que existen solo dentro de su mundo (los snoochie boochies o mooby’s, por ejemplo). Algo que suele darse también es una crítica al catolicismo, naturalidad ante el sexo, idas de olla, referencias a la cultura pop (especialmente a cómics y películas consideradas frikis como La Guerra de las Galaxia, El señor de los anillos o Tiburón).

Posiblemente su película más friki y divertida sea ‘Persiguiendo a Amy’, aunque lo es mucho más, en parte, tras haber visto Clerks y Mallrats. Esto se debe a que de por sí, sueltas están muy bien hiladas, pero en su conjunto son aún mejores. Al centrarse en Nueva Jersey hay personajes que se conocen o que han escuchado rumores sobre sucesos inusuales. Es decir, hay diversas referencias internas y personajes recurrentes que retroalimentan la obra. Dentro de estos personajes recurrentes los más populares (y también los mejores en mi opinión) son Jay y Bob el silencioso. El primero es un deslenguado que no se calla ni debajo del agua, anda más salido que el palo de un churrero y no tiene demasiadas luces; el segundo se expresa casi exclusivamente gesticulando, pero cuando habla sube el pan porque suele decir las cosas más inteligentes y certeras que uno se pueda echar en cara, además porta el cinturón de Batman y en él esconde, bajo su gabardina, todo tipo de instrumentos tan inverosímiles como divertidos y hasta útiles, en ocasiones.

No son películas típicas en absoluto. El toque característico y personal del autor se palpa en cada una. Merece enormemente dejarse absorber por ellas, ya no solo por sus historietas de manera individual, sino por esos guiños y cameos continuos, por esas referencias sobre aspectos de su entorno como el hacer que Matt Damon comente que de vez en cuando hace películas con el amiguete de turno por compromiso, mientras mira a cámara rompiendo la cuarta pared.

Como curiosidad, cabe decir que se hizo amigo de Stan Lee y que fue él quien lo invitó a realizar por vez primera un cameo en cine. Es decir, Kevin Smith fue quien provocó que, a raíz de Mallrats, uno de los padres de Spider-Man, Hulk y otros tantos superhéroes comenzase a aparecer brevemente en todas las películas de Marvel.

Son largometrajes no tan populares como los súper-taquilleros que están en boca de todos, por lo que de vez en cuando hay que reivindicar aunque sea brevemente el nombre de cineastas que, con su estilo, atrapan al público.

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El poder de la amistad en ‘Quiero comerme tu páncreas’

En ocasiones, de un tiempo a esta parte, tenemos la fortuna de que se estrene en cines alguna película de animación proveniente de Japón en lugar de comercializarse directamente en formato doméstico. Lo que hace años era impensable, ahora sucede. Aunque en ocasiones se trate de eventos especiales de tan solo un día de duración en algunas salas seleccionadas, sigue siendo motivo de alegría. El mal llamado género (que alberga realmente todos los géneros posibles en su interior), comienza a ser visto con menor desprecio gracias a este tipo de iniciativas.

La última de las proyecciones en cartelera que nos ha llegado de la mano de Selecta Visión ha sido la de Quiero comerme tu páncreas (Let me eat your pancreas, 君の膵臓をたべたい, Kimi no suizo wo tabetai),  un largometraje dramático con gran popularidad en su país de origen. No en vano, se trata de una adaptación de una novela, de la que también hay versión en manga y película de acción real.

Quiero comerme tu páncreas, pese a lo que pudiera sugerirnos por su título, no sólo no es una invitación al canibalismo, sino que estamos ante un film amable, repleto de sentimientos positivos. Los humanos somos animales sociales -unos más que otros- y precisamente en este punto incide la trama principal.

Fruto del azar, mezclado con la curiosidad extrema, dos personajes comparten un secreto vital de uno de ellos. Nadie, salvo los padres de quien podría fallecer pronto debido a un fallo pancreático, conoce ese hecho.

La confidencia que llegó por casualidad provocó que dos personas que no tenían nada en común empezaran a verse con frecuencia. La amistad nació de esa información de la que los demás no disponían. La pareja fue conociéndose poco a poco, aumentando así su complicidad, su aprecio mutuo.

Las personalidad de los personajes protagonistas son opuestas. En cierto modo eso hace que se complementen a las mil maravillas. Alocada y dicharachera, con ganas de cumplir cada sueño, de vivir con ganas de cada día que le quede, tenemos a Sakura. Por otro lado, su contraparte nunca se ha preocupado por hacer buenas migas con nadie; lo único que le interesa son los libros hasta el punto de que está como bibliotecario en su instituto tras las clases. El tándem que forman es bastante tierno, cosa que da enteros a una historia que guarda una sorpresa inesperada, porque los caminos a veces no se recorren en línea recta, porque los rodeos, las bifurcaciones también forman parte del paseo y, si es bajo los cerezos, las emociones están más a flor de piel.

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Visitando el «Cementerio de animales»

El visionado de la adaptación de IT no solo supuso una regresión a mi adolescencia. El aletargamiento a medio fuelle finalizó con ello. Despertaron por completo las emociones encontradas a través de diversos libros de terror que habían caído por mis manos firmados por King, tanto con su nombre real como bajo pseudónimo. Vinieron a mi recuerdo los días y días inmersa en libros, buscando nuevos títulos que engullir en distintas estanterías de tiendas con mayor o menor renombre. Lo que sentí en ciertos pasajes, las películas que salvaba de la hoguera. Todo ello lo podría englobar en la era pre-IT. En ella no necesariamente, cronológicamente hablando, toda obra es anterior a la fecha de la proyección de la película, lo es, por supuesto, mi acercamiento.

Si no hubiera sido por IT, probablemente habría ignorado  el estreno de Cementerio de animales (Pet Sematary en el original). Han sido meses de seguir cada tráiler, cada póster. No descontaba con una cuenta atrás el día del estreno, pero casi. Siempre había querido leer el libro, mas aún no lo había hecho. Conocía, sin embargo, detalles cruciales por informarme, escuchar a los demás e incluso curiosear por los confines de la red —quizás demasiado— en esa era mencionada en la que lo idóneo hubiera sido que me hubiera dedicado en cuerpo y alma a conocer los entresijos de esa historia con la novela en mis manos. Ojalá el mejor de los escenarios, eso que proyectamos como «lo ideal» se diera con mayor frecuencia.

El caso es que Cementerio de animales era una especie de cuenta pendiente. Es algo que se fue demorando y que terminé por saldar el pasado fin de semana por partida doble: visionado de la película y lectura del libro. Ya que me puse lo hice bien.

Cementerio de animales tiene una ambientación y premisa similares tanto en el largometraje como en la novela. En ambos casos vemos cómo la familia Creed —compuesta por padre, madre, niña, niño y gato— se muda a una nueva casa en Maine. Van desde Chicago a un pequeño pueblo sin apenas vecinos (con una sola casa además de la suya a la vista) y con un espeso bosque en el que hay un cementerio de animales y varios misterios ligados al duelo. El aislamiento y desconocimiento de la familia ya hace que nos pongamos un poco en situación, que estemos predispuestos para lo que esté por venir y que incluso, anticipemos, algo que, irremediablemente estaría por ocurrir. La visita al cementerio de animales y las charlas con el único vecino cerca no harán más que darle más fuerza a ese negativo pensamiento. Se nos dan pistas tan claras que ciertas cosas se vuelven previsibles —especialmente en la película—, pero eso no evita que al ocurrir nos sorprendamos o disfrutemos de todo lo que acompaña a eso que nos veíamos venir porque nos habían conducido a ello adrede.

Cómo sobrellevar una pérdida o pensar en si algo nos espera cuando nos llega el dulce abrazo de la muerte es en lo que se centra esta historia.

Los caminos llevados son diferentes. En ambos casos, por supuesto, tenemos elementos sobrenaturales, mitos ancestrales y personajes que creían que iban a ser felices con su nueva vida, pero que para su sorpresa -y desde luego no de espectadores ni lectores- no es así en absoluto. Fantasmas, apariciones y desequilibrios mentales harán gala por páginas y fotogramas.

El comportamiento y perfil de los personajes dista de libro a novela, la época también e incluso los hechos. No estamos ante algo radicalmente opuesto, la idea principal, el mensaje prevalece, pero hay tantos cambios que tenemos básicamente el Cementerio de animales original por un lado y por otro lo nacido del guion de Matt Greenberg y Jeff Buhler. Hacer una comparativa entre ambas, comentar todas esas diferencias, sería destripar las dos cosas. Solo diré que la película es correcta aunque el libro me ha gustado muchísimo más y no solo por profundizarse en los personajes y que esa historia me resultara mejor llevada y más atractiva, también porque no era confusa, cosa que sucede ligeramente al inicio del filme.

Si con algo debemos quedarnos es con lo que el propio rey del terror dijo de manera acertada: A veces, la muerte es mucho mejor.

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