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De puzles, dragones y colaboraciones

pazudoraHoy vengo a hablar de otro jueguillo de móvil al que hago algo de caso de vez en cuando, aunque en menor medida que a  Love Live SIF (del que, por cierto, he perdido la cuenta B, por lo que solo tengo una, como la gente normal). Puzzle & Dragons es un juego superpopular de GungHo que no tardará en llegarnos a 3DS en Europa, razón por la cual, después de varios intentos fallidos en anteriores móviles y etapas (algo terminaba petando y una vez perdí mi código ID y con ello mi partida) lo tengo de nuevo y ahora muchísimo mejor cuidado, entre saber más cosas de él, ya que es mucho más profundo en su sistema de lo que puede parecer a simple vista y que también tengo algunas cartas bien buenas para ser una novatilla que juega desde hace unas… dos semanas.

Puzzle & Dragons (de ahora en adelante, pazudora) es un juego de puzles en el que coleccionas cartas que subes de nivel y que en muchos casos puedes evolucionar a otras formas mejores. Cada carta tiene como mínimo un color asignado para ser más poderoso con él y defenderse mejor de él, y también tienen habilidades propias de personaje activo en el equipo e incluso, algunas, de líder. Puede sonar complicado, quizás, pero una vez que uno está manos a la obra, no lo es tanto, aunque montarse buenos equipos o cuidar bien de las cartas tiene su tela.

Para empezar, ya que las cartas son nuestra fuente de vida en pazudora, un juego de puzles por turnos de juntar orbes de colores intentando tirar de las debilidades de los enemigos de cada mazmorra, no podemos ir al tuntún con cualquier cosa… aunque al principio no nos quede otra que conformarnos con ello. Para poder tener equipos majos (o por lo menos lo suficientemente decentes como para ir superando fases y desafíos en lo que subimos de nivel y vamos moviendo la mano más rapidito por la pantalla para sacar combos mayores) tenemos dos sistemas: esperar a que nos caigan monstruos o sacarlos de la máquina de gachas. De esto tenemos que saber otras dos cosas más: que no todo lo que nos encontremos en las pantallas puede caernos (algunas tienen un porcentaje muy bajo y otras directamente nulo) y que en las máquinas de gacha puede salirte de todo, por lo que uno iría de cabeza ahí si no fuera que no son gratis, ya que en la primera de ellas te salen monstruos no muy buenos (y materiales para esos monstruos) tenemos que gastar puntos de amigo, que se consiguen simplemente por viciar y escoger los líderes de gente random para que nos ayuden, ganando 5 puntos de amigo si no los tenemos en nuestra lista de coleguillas y 10 si sí que los tenemos (e incluso 100 si estamos en la lista de “mejor amigo”), mientras que las siguientes cuestan cristales, que se consiguen entrando al juego X días, pasándose las mazmorras por primera vez, en eventos especiales, etc. pero son limitadillas y necesarias también para subir el número de cajas libres en las que almacenar nuestros monstruos, así que no podremos pasarnos la vida tirando en las gachas guays.

No quiero marearos mucho con datos raros, sino más bien atraeros al lado oscuro, ése que en territorio nipón cuenta con  35 millones de cuentas y del que habrá una celebración que comienza justo hoy mismo, por si queréis animaros.

Cuando comencé a jugar, el Domingo de Resurrección, fue porque de repente recordé que había un evento de Dragon Ball Z y me parecía un buen momento para estar ahí de cero, al pie del cañón, matando de paso el mono de lo que está por llegar para 3DS y que posiblemente se corone en el podio de a lo que más horas llegue a echar. Cada nada suele haber eventos de colaboración entre empresas y de hecho ahora hay uno de Bandai con Shinra Bansho del que estoy pasando porque no me interesa esa IP, pero al de Dragon Ball Z le eché sus buenas partidas, ya que teníamos dos salas con mazmorras de distintas dificultades y con distintos monstruos que podían caerte, así que me hice, a lo tonto, con las cinco fuerzas especiales de Freezer y algún personaje random de esos de Kai que uno no sabe ni el nombre, pero también conseguí a Dabra y a Babidí. En gemas, ya que estaba pesadita con que quería un personaje tocho (Goku, Gohan, Vegeta, Gotenks…) cada vez que reunía 5 iba de cabeza y no se me dio demasiado mal, ya que por mí misma me saqué dos Videl, un Krillin, un Piccolo e incluso a Yamsha, pero aquí el potrero con lo de pedirle el deseo al Dragón Sagrado resultó ser Moi que me sacó dos Goku, de manera que tengo a uno para usar y otro para admirar, al más propio estilo de Konata en Lucky Star.

Lo suyo es crearse equipos monocromáticos o bicromáticos, pero como todavía no llevo demasiado tiempo jugando y no tengo muchos bichos, tengo un equipo principal de todo un poco, y luego cinco de prueba por colores que simplemente están creados para ir cambiando cosas de ellos o evolucionando algunos dragones y demás que sí me gustan.

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Ése es mi equipo principal, tengo registrados a los personajes en una base de datos que me indica también los materiales que voy necesitando para las evoluciones y demás, por lo que es muy útil. Los cinco primeros personajes son míos, el otro Goku no es mi segunda unidad, sino un amigo de apoyo, ya que a la derecha de todo siempre sale un líder de un amigo (menos en mazmorras de desafío con amigos, pero vamos, en todas las mazmorras de tipo normal, especial o técnico que no estén dentro de ese modo raro, va con cinco tuyos y uno de un amigo). Tengo a mi Goku de líder porque su habilidad es tremenda al meter multiplicador sea como sea tu combo como sea de un mínimo de cuatro, mientras que a Ginyu, Piccolo, Krillin y Fuerza Veloz los tengo ahí para poder dar leches bien en cada color al ser bastante fuertecillos. Sé que he dicho que es mejor que sea todo monocromático y tal, pero… he calculado y me sale mucho mejor así de momento, porque si no, mis opciones serían un poco pobres:

No hace falta ni conocer a los monstruos, basta con mirar los números de su nivel y de sus indicadores de stats añadidas (esos numeritos amarillos con el + delante) para ya intuir que la cosa no está muy allá. Pero de paso, os digo que la mayoría son monstruos de rareza baja y que otros, que no están mal, no me valen para nada hasta que no los evolucione un poco, como pueden ser el Dragón Volcánico y Titán en el equipo rojo o el Vampiro en el equipo morado.

Es divertido porque, si os fijáis, cada color tiene su elemento asignado y de ahí sacamos lo de las debilidades de las que hablaba: fuego, naturaleza y agua, con cartas que hacen 200 de su propio color y 50 del resto; y luz y oscuridad con cartas que hacen 200 desde su propio color y 100 del resto, pero esa agresividad tiene también carencias en otros aspectos, ya que todo está muy equilibrado y pensado, solo que ese factor es de los que más toman en cuenta muchos jugadores de pazudora para ir a saco con sus equipos, mientras que yo, como enamorada de los gatos, me he creado uno poco útil, pero tremendamente mono y muy curativo con cinco gatitos sagrados:

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¿Os gusta mi equipo de pazuneko? Durante el evento de Dragon Ball Z salía a veces la torre de Karin y no pude evitar subirla y jugar con ese gatito tan salado, ese tercer maestro de Goku al que tanto quiero.

Antes he mencionado que no estoy haciendo caso a la colaboración con Shinra Bansho, pero eso no quiere decir que tenga abandonado el juego, ya que tengo un montón de mazmorras clásicas, especiales y técnicas para pasarme por vez primera y otras para repetir para buscar algunas cartas específicas y también están las mazmorras que cambian cada día u otros eventillos que van surgiendo, como el de personajes como Lucifer o Hera con trajes de estudiante de instituto que también está ahora. La verdad es que la version nipona de pazudora está repletita de cosas y puesto que no está para android en Europa, prefiero ésa que la americana que está más bien escasa de contenido… y sin gatos.

En otra ocasión hablaré de mis progresos, pero de momento solo quiero saber quiénes de vosotros jugáis también a pazudora o tenéis pensado hacerlo en el futuro bien en móvil o en consola.

Reiniciando mi colección de Pokémon con Pokémon Omega Rubí

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La semana pasada me acabé Pokémon Rubí en su nueva versión para 3DS. No jugaba a un pokémon de la serie principal desde el primero de los de la serie Blanco y Negro, por lo que todos esos cambios y añadidos de megaevoluciones, caminar en diagonal, etc. no los había vivido, sino que los conocía de leerlos o incluso escribir cosas sobre ellos en SavePoint y demás. Tampoco es que jugara a la versión Rubí original ya que en mi GBA no tenía apenas juegos, por lo que mi cúmulo de horas gastadas en esa portátil fue para Mario Tennis, Final Fantasy Advance, YugiOh! y Kingdom Hearts: Chain of Memories. Soy, podría decirse, una fan de pokémon rara, porque si bien me gustan bastante y adoro a Pikachu y Charmander (mis chuminadas como cuaderno, calcetines, etc. lo certifican) al mismo tiempo me daba bastante igual jugar cuando van saliendo las nuevas entregas o esperar indefinidamente, pero lo curioso es que cuando por fin pillo uno, me meto vicios bastante considerables, dentro de lo que las obligaciones y tareas múltiples me permiten.

Al igual que muchos, comencé con la primera generación, esa de Rojo/Azul a la que siguió un Amarillo, que por supuesto era mi favorito de los tres porque Pikachu te seguía, y aunque era un detalle muy tonto, a mí me encantaba ir con él de pueblo en pueblo. Después también vicié de lo lindo al de cartas y al de pinball (aunque muuuucho más al de cartas) y ya todo lo que tuviera con Pokémon se durmió dentro de mí hasta que llegamos a la generación de DS, que volvieron las ganas de capturar bichejos y además conocí la saga de Mundo Misterioso que me enamoró por completo y que es precisamente con la que volví a ver a los pokémon ya en 3DS, antes de lanzarme a comprar X o Y ni nada por el estilo. Con esto, quiero decir que cogí con muchas ganas Rubí y que lo he explotado bastante, aunque todavía podría darle un par de vueltas más completas para conseguirme los dos iniciales que descarté en mi primera larguísima partida.

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Pese a los cambios, es como siempre si acotamos al máximo: vete de tu pueblo, hazte con las 8 medallas de los 8 gimnasios y después supera el último gran desafío, la Liga Pokémon. Pero es no implica que el camino hasta lograr eso no sea largo y divertido, al tener que cazar de nuevo a tropecientos bichos, que éstos tengan distintas naturalezas y tipos o, sobre todo, las risas que nos podremos echar en ocasiones al hablar con algunos personajes ya que una vez más, la traducción es lo más y el equipo se ha lucido a base de bien.

Pikachu-with-pokeball-pikachu-31615402-2560-2245La historia no sorprende, es también de lo más típica en Pokémon, pero como el ansia de coleccionar a cuantos más bichos mejor y el frikismo de subir de niveles y ponerles las habilidades que queramos ya nos mantendrán enganchados a saco, eso es muy secundario. Que ojo, insisto mucho en lo de su eslógan de “hazte con todos” de un modo u otro, pero es que si juntas el tener un banco con paciencia cazando y unas dosis de suerte en intercambios internacionales o prodigiosos, terminas con una colección de lo más maja o yo no habría empezado a criar Charmander en la guardería, ni tendría un Pikachu precioso o varios legendarios de los que uno se pregunta cómo puede haber alguien que los libere a lo que salga, por azar, sin pedir nada por ellos.

Otra cosa que me ha encantado, además de los intercambios prodigiosos (a los que, como comentaba, he sacado una tajada increíble) es lo de sincronizar tu partida con un usuario que te crees online para tener regalitos varios o comprándolos directamente con moneda del juego (bayas en este caso concreto) o apostándolas en minijuegos simplones con los que puedes hacerte con un montón de minerales para mejorar las stats de tus pokémon de combate o con un número impensable de otro modo de bolas de todo tipo para capturar bichos en cualquier hora del día, lugar o circunstancia al haberlas para la oscuridad, el agua, la luz, los de tipo planta, etc.

Casualmente, he dejado este Pokémon Rubí durmiendo mientras cojo a ratos otros dos de Pokémon en mi N3DS, Pokémon Conquest y Pokémon Shuffle, que no tienen nada que ver, pero gracias a ellos seguramente sigo cazando de vez en cuando cosas para meterme en los intercambios prodigiosos porque es como jugar a la ruleta rusa, pero sin que nadie muera.

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Quien tiene un amiibo tiene un tesoro

Zelda

Los que leáis SavePoint sabéis de sobra qué es esto de los amiibo de Nintendo, pero yo, no lo puse en práctica hasta ayer mismo que me vine con la princesa Zelda bajo el brazo… o bueno, metidita dentro de un bolsillo amplio con mucho cuidado para que no quedara mutilada porque locos que pagan cantidades inhumanas por muñecos deteriorados los hay, pero tampoco es cosa de forzar a la suerte más de la cuenta por mucho que la ley de la improbabilidad infinita esté de mi parte continuamente, ya que lo está, pero tanto para lo bueno, como para lo malo. Cuando os he hablado de las novelas de “La guía del autoestopista galáctico” ya os he contado que ahí se explica que cuanto más improbable sea el que ocurra una cosa, más sencillo en realidad es que llegue a suceder, es toda una contradicción en sí misma, de esas bonitas, que hipnotizan y de las que se acuerda uno cuando por ejemplo le llega un manga nuevo con un garabato en su interior o consigue una tirada casi legendaria en Love Live SIF. Que tengas un día de esos que es mejor no levantarse de la cama, lamentablemente no estaría dentro de la ley y que te líes con Brad Pitt… bueno, depende de lo golfo que sea.

Volviendo al tema de los amiibo, cuyo nombre es un juego de palabras entre “mii” y amigo, la verdad es que pueden llegar a resultar más útiles y curiosos de lo que pudiera parecer y que conste que soy la primera que estaba bastante reacia con ellos y que estuvo una tarde de bromitas con el jefote de Kaoto Videogames que es todo un nintendero de pro aunque un poquito de mal gusto al decir que le parecen aburridos los juegos tipo musou, menos  Hyrule Warriors por ser de Zelda. El caso es que de momento estos amiibo son compatibles con tres juegos y lo serán con unos cuantos más que están por venir. En el caso de Mario Kart, podemos hacer que nuestro mii (el muñecajo creado a imagen y semejanza de nosotros o de cualquier otra persona) puede vestirse como el amiibo que registremos, por lo que yo podría ser una Rosi con las ropitas de Zelda, en Hyrule Warriors, por su parte, dependiendo de qué amiibo tengamos, conseguiremos un extra u otro, casi todos son ataques especiales, aunque también hay armas y trajes y, por último, en Smash Bros podemos entrenar a nuestros amiibo para luchar codo con codo o para enfrentarnos y que haya bastantes risas, ya que nos fijaremos más en él que en la IA al ser un bichejo capaz de asimilar, memorizar y poner en práctica cosas que haya ido viendo de su entrenador y, de hecho, no debo de ser tan manca jugando cuando ayer la muy puñetera de Zelda pegaba de lo lindo a los demás e incluso nos venció a Moi y a mí en la última partida que echamos en una de ocho jugadores simultáneos metidos sobre un escenario diminuto en el que era imposible escapar.

La verdad es que conectan muy rápido los amiibo con la consola con la tecnología NFC, no molestan nada a la hora de jugar, porque es solo conectarlos un momento de nada para que se queden reflejados sus datos en la consola o para justo usarlo y como mucho se pone una vez al final para que guarde su nivel y progresos y ya está, no hay que tenerlo de quieto sobre el gamepad de Wii U ni nada así raro que imposibilite o complique esto de aporrear botones y como ocupan poco y son bonitos, quedan guay en casi cualquier lado y en casa su hueco asignado es delante de cierta parte de la colección de juegos en la que teníamos ya alguna figurita y peluche, porque así pegan de maravilla y también están a mano para cogerlos en cualquier momento.

Tengo una curiosidad tremenda por saber la función de los amiibo en futuros juegos (sobre todo en Mario Party 10 y ojalá que de nuevo la habilidad prime sobre la suerte, como había sido en 64 y Gamecube) porque va a resultar que “quien tiene un amiibo tiene un tesoro”.

Hablando de mi primera Mont Blanc en la colección de artículos de escritura

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Una de mis perdiciones, de siempre, han sido los artículos de papelería, que unidos a mi pasión por la literatura están en lo más alto de mis intereses y encima encaja todo tan bien junto… ¿verdad? Toda la vida mirando escaparates, secciones de papelería en diversos centros comerciales, conociendo tiendas especializadas en distintas ciudades… y por fin, tras desearla desde mucho antes de que me fijara ni tan siquiera en otras cosas como la cultura japonesa, tengo una pluma estilográfica Mont Blanc, la mejor adquisición para la colección de artículos de escritura tan variopinta con la que cuento y en la que englobo sobre todo material desechable que, en menor medida, también me fascina como un set especial formado por un número bastante alto de bolígrafos de colores de Uniball o Pilot, gomas de Faber Castell protegidas en su funda, rotuladores y roller de Rotring y otras marcas, etc. Todo lo que me ha ido llamando la atención, que estuviera dentro de mis posibilidades ha ido cayendo en mis manos y lo extraño es que en Japón tan solo cayera un portaminas la mar de mono (y barato) con minas de dureza semiblanda, porque en mi repertorio de objetos puede haber un poco de todo, a excepción de lo que considere herramientas del diablo como los famosos Bic cristal (de toda la vida, como se conocen) y otras tantas cosas similares con las que ni se escribe en condiciones ni son idóneas para ello porque terminan deformando los dedos al tener que hacer mucha más presión que con cualquier bolígrafo de gel o similar.

fotos pluma_-_007Comentaba que por fin, tras tantos años de espera, suspirando cada vez que veía el logo de Mont Blanc, tengo mi primera adquisición de la marca y es nada menos que de un modelo perteneciente a su colección de escritores. Desde 1992 cada año han sacado una pluma sobre un escritor y en 2012 le tocó el turno a Jonathan Swift, autor de los viajes de Gulliver, del que es mi pieza de coleccionista que he cargado con tinta verde que tenía por casa de una Waterman que había estado usando hasta el momento y que no se va a jubilar precisamente.

No es que ésta fuera la primera pluma que me gustaba de los escritores, ya que por ejemplo la de Poe me vuelve loca, pero estas cosas limitadas ya se sabe que o tienes la suerte de verlas cuando toca (o cuando los astros parecen haberse alineado para ti) o desaparecen y de ellas nunca más se supo… igualmente, Swift me encanta con sus sátiras y su libro de los Viajes de Gulliver (que releeré pronto) es una pasada y gracias a él existe la película “El castillo en el Cielo” de Ghibli, en la que se hace un viaje a la isla de Laputa, nombre que se censuró en España y se cambió por Lapunto ya que sonaba mal.

fotos pluma_-_010Puede parecer tontería, pero la suavidad con la que se escribe con una gama alta como ésta es algo que uno tiene que probar por sí mismo. Además, unido a la elegancia y a lo gordita que es (prefiero siempre las plumas más bien gruesas porque me hago mejor a ellas), es toda una maravilla. Además de tener la firma de Swift en un lateral, está llena de otros detalles sutiles en todo su diseño, como las cuerdas con las que los liliputienses ataron a Gulliver cuando llegó a su país, el capuchón con forma de sombrero de la época con unas escaleritas en su solapa o el grabado sobre el plumín en el que se ve también una de las escenas de las ocurridas en Liliput.

Las fotos que os pongo no reflejan del todo bien la belleza de esta pluma de la que tan orgullosa me siento y que ahora llevo conmigo a prácticamente cualquier lado, ya que ni dispongo de un objetivo macro, ni tenía una iluminación adecuada, ni soy una experta en fotografía, pero creo que valen para que os hagáis a la idea de su diseño y de lo bien hecha que está esta pequeña preciosidad.

¿Os mola? ¿Os pasa como a mí con las cositas de escribir?

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