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The Strain y el divorcio entre serie y novelas

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En los últimos meses, durante todo ese periodo en que este blog, como Drácula, dormía profundamente muy a mi pesar, han ocurrido decenas de cosas que me hubiera encantado relatar, pero por aquello de la continuidad, retomaré uno de los últimos vicios confesados: la obra de vampiros de Guillermo del Toro y su amigo Chuck Hogan.

Semana tras semana, antes del tercer viaje a la capital de Japón, en casa fuimos engullendo los capítulos de la segunda temporada y bailando con el anuncio de la renovación por parte de la cadena, para la emisión de la tercera (y última) el próximo año. Como tenía reciente la lectura de la segunda y tercera novelas, recordaba a las mil maravillas todo lo que ocurría con Setrakiam, el alemán loco, el Amo y el resto de personajes por lo que me sorprendió bastante cómo cada vez se iba desligando más la serie de acción real del original en que se basa y no diré aquello de “es mejor el libro” (o los libros, en este caso) ya que me lo tomo como cosas diferentes igualmente buenas en las que tenemos detrás al creador en ambas, que no es que sea una adaptación hecha por otro interpretándolo como buenamente quiera, sino que es el padre de la historia que ha decidido pegar unos cuantos giros.

La segunda temporada, aunque tiene bastante acción, es sobre todo un camino de preparación ante lo que será el desenlace en la próxima. Ha habido momentos álgidos y bastante potentes, pero también bastante calma en cuanto a la guerra entre humanos y vampiros, con formaciones de algunos bandos mientras conocíamos a algunos personajes nuevos como Ángel o un vampiro gladiador con muchísima clase. En su conjunto me ha gustado un montón, especialmente por ver la desesperación de algunos que se creían que estaban por encima de la posición que realmente ocupaban o por el cameo de Santiago Segura que tenía un papel pequeñito, pero muy divertido y agradecido.

El que no se parezca demasiado a las novelas y haya tomado un rumbo diferente, que sea una historia con elementos comunes y en la que se comparten personajes con un perfil psicológico similar, hace que me formule preguntas sobre lo que está por llegar y, de hecho, ya ocurría con esta temporada en la que sabía algunos detalles sobre el Occido Lumen o el Amo, pero no sobre temas del pasado bastante relevantes o pasajes completamente nuevos con mucha chicha en los que solía estar Fet, ese matarratas, ese discípulo del archienemigo del malo maloso, ese apasionado de las bombas al que a veces se le va un poquito de más la olla, especialmente si hay faldas por el medio, aunque no es el único que pierde la cabeza con las mujeres.

La crueldad y la tensión se juntan con momentos de estrategia o temores humanos para formar un cóctel delicioso. De momento, la serie ha quedado en un punto en el que se hace larga la espera, pero más tuvo que esperar el Amo para recuperar su fuerza y convertirse en terror de Manhattan que no deja de expandirse por el mundo.

Luthierizada con retraso y anticipación, con fatídica casualidad y con pasión

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Conocí a Les Luthiers en 2006. Probablemente bastante tarde para ser una amante del teatro y tener ellos su grupo desde finales  de los 60, pero a veces me siento como si las cosas me evitaran. Como si tuviera una especie de impermeabilidad en el alma y no me llegase sólo con la de la piel a la hora de mojarme. Esta impermeabilidad haría que algunas cosas circulasen a mi alrededor sin llegar a tocarme y, aunque yo tratara de tocarlas a ellas, simplemente harían un remolino y sería imposible, hasta que llegara el momento adecuado. Es romántico pensar así, que si te pierdes algo bueno o tarda en llegar, en realidad siempre te rondaba, pero no sabías llegar a ello, algo evitaba que así fuera. Por ejemplo que justo se cruzara una persona delante del cartel que hubieras visto de no pasar por ahí en ese preciso instante, que vayas a mirar una página con programación o entradas de espectáculos de tu ciudad y que se vaya la luz cuando vas a llegar al de ellos… o tantas otras pequeñas casualidades, que, finalmente, tuvo que ser Moi el que me mostrara a estos grandes humoristas argentinos.

Nos pasamos medio verano viendo vídeos de Les Luthiers en distintos teatros, riéndonos con sus juegos de palabras, sus audaces chistes, sus interpretaciones y de las tonadillas con los instumentos que ellos mismos habían creado, como si fueran sus trabajos finales en un taller de pretecnología en los que tuvieran que aprender a reciclar y es que veía que no gastaban nada de más, ni una palabra mal ideada en sus textos, ni un mal gesto, todo sonrisas, todo genialidad, todo naturalidad en los escenarios.

Algunos años después, también en verano, y una vez ya abierta la caja de Pandora de conocer a este grupo al que nunca podría olvidar desde el mismo instante en que escuché cómo hablaban de su personaje “Mastropiero” o de su “Warren Sánchez” (pues no recuerdo qué fue primero, pero sí sé que la gallinita dijo Eureka), en casa de un amiguete y compañero periodista, descubrí el acabose: un fan con multitud de discos y material de Les Luthiers. Muchas de esas cosas de su colección tan solo las venden en sus giras y entonces tanto a mi conjunción astral como a mí se nos abrieron los ojos y le dijimos si veíamos algunos números. Él, como no podía ser menos, dijo que sí, a pesar de que había mucha más gente en aquella en ese lugar y muchos parecía que nunca iban a soltar el mando de la consola, pero en cuanto que los cinco Luthier comenzaron con su repertorio de situaciones ficticias relatadas de un modo tan ingenioso y divertido, todos formábamos un círculo alrededor del sofá y parecía que fuéramos todos uno, riendo.

Hace unas semanas, porque parece que casi todos mis grandes encuestros con Les Luthier se hayan dado en la estación más calurosa del año, se pusieron a la venta las entradas de su gira por España en 2016 y, por primera vez, cayeron dos, para que Moi y yo podamos disfrutar de ellos en directo, cumpliéndose 10 años de cuando abrí los ojos por ellos. Cabe decir que aunque acababan de ponerse a la venta sus entradas, éstas volaron y llegamos casi por los pelos y eso que todavía no había ocurrido la gran desgracia que ocurriría poco después, la pérdida eterna e irreparable de uno de sus miembros, de Daniel Rabinovich que sufría de problemas cardiovasculares desde hacía años y que ya nos ha dicho a todos adiós, pero encargándose primero de que sus compañeros sigan con su humor, haciéndonos reír a todos, incluso cuando tengamos ganas de llorar y en parte por él.

Como homenaje a este Luthier y con amor a todos los demás, ha regresado la época de verlos y escucharlos, de reír y decir sus chistes en voz alta, para reír de nuevo y, como esto de compartir las risas es algo precioso, os dejo con uno de los momentos más grandes de Daniel:

Shigatsu wa kimi no uso: una melodía que te hará llorar

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¿Os ha pasado lo de pensar que cuando tengáis un poco de tiempo o cuando sea tan fecha vais a hacer esto o lo otro y luego nada? A mí me ocurre de una manera más rara, porque es cierto que cuando uno está algo más libre tiene la sensación de que el tiempo se desliza lentamente de entre los dedos sin saber muy bien dónde se va, pero también que en realidad termino cambiando algunas cosas por otras, en plan de leer otros libros o ver otras series, aunque algunas cosas permanecen como en los planes iniciales. De una de éstas me vi Shigatsu wa kimi no uso, que no la tenía entre las prioritarias, pero que me alegro de haber visto.

Lo que me impulsó a ponerme con este anime dramático sobre músicos adolescentes fue el manga, editado aquí en España y del que leo cada tomo con voracidad según lo tengo en mis manos. Con Nodame Cantabile, un josei de música clásica (pero de corte cómico) me gustó mucho más la adaptación animada porque así podía escuchar las canciones y en Shigatsu wa kimi no uso, aunque al final no se centre tanto en eso, sino muchísimo más en las relaciones personajes y en el resquebrajado corazón de su protagonista (Kosei Arima) también he disfrutado mucho más de él, aunque debo decir que el manga todavía no lo he terminado y que me queda por recorrer la mitad del camino.

Shigatsu wa kimi no uso (四月は君の嘘, Your lie in April o Tu mentira en abril) trata sobre un momento en la vida de cuatro amigos de 14 años que sufren por amor: por el amor al deporte, a la música o hacia otra persona, por la pérdida de alguien importante o por el temor a no saber si podrán ver cumplidos sus sueños. Las inseguridades se reflejan en su día a día, en su manera de jugar en el caso de dos de ellos y en la forma de tocar en la de los otros.

Los personajes son de lo más carismáticos y están muy bien definidos: Kosei es serio y de gran corazón, tiene un trauma tremendo y aunque lleva años huyendo de él, le toca enfrentarse de nuevo a ello; Kaori es una chica divertidisísima, muy fuerte y que se lanza de lleno a alcanzar sus sueños sin importarle lo que pienses los demás, es del tipo Carpe Diem y una golosa empedernida; Tsubaki es la mejor amiga de Kosei, se conocen desde canijos y siempre se han apoyado el uno en el otro, aunque le gusta chincharle y es un poco violenta; Watari es un chulito de puertas para afuera, pero un miedoso y un buenazo en su interior, aunque siempre va con su máscara puesta excepto para sus dos mejores amigos, Kosei y Tsubaki. Lo mejor de todo, es que con sólo esos personajes, la trama va envolviendo de tal modo según avanzan los capítulos que es como si cada pequeña melodía, tanto de las tocadas como de las silenciosas, las expresadas con gestos y suspiros, se metieran dentro de la piel.

La serie es un drama de la cabeza a los pies, uno muy bonito, que huele a dulce de pastelería, tiene el tacto de un gato negro y suena haciendo vibrar como sólo dos músicos profesionales con un estilo propio pueden hacerlo, dando su toque particular a las partituras de los grandes clásicos.

¿Acaso puede una mentira hacer llorar? Sin duda, pero eso no lo descubriréis hasta el final, si os animáis a ver esta pequeña maravilla no tan popular como debiera.

Tecleando con furor desde la tablet

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Por unos problemillas que me impedían escribir fuera de casa, en exteriores, me puse a buscar como loca un teclado para mi tablet (una HTC Nexus 9) y tras días y días de bucear por internet, que Moi hiciera lo propio y que incluso en la única red social en la que se me puede ver mínimamente el pelo hiciera una consulta sin éxito, ya veía esto como una batalla perdida. Pero a mí esto de rendirme no me va en absoluto, así que venga a buscar y requetebuscar más hasta descubrir que la respuesta estaba mucho más cercana de lo que pensaba y que además era algo sencillo, ya que bastaba con acercarse a cualquier tienda con cosas de tecnología y echar un vistazo, porque resulta que hay varios modelos, de distintas marcas que pueden cumplir con su cometido.

Una de las cosas más desalentadoras es ver cómo hay tantísimos productos para todo lo de Apple, pero cómo cuesta encontrar cosas que no sean para lo de la manzana. Pero esquivado todo eso, con su clavija especial, lo que me echaba para atrás era que apenas veía teclados con “ñ” en internet, y evidentemente yo quería uno con caracteres españoles, por lo que buena parte de eso, se caía irremediablemente. Otras muchas veces había reviews negativas en las que se indicaba que, a pesar de estar la tecla, en lugar de esa letra tan especial, salía un punto y una coma. Sea como fuere, todo era desalentador, especialmente por el hecho de que ni Google ni HTC parecía que fueran a dar soporte en esta zona del mundo, ya que su teclado oficial no ha llegado a salir más que con caracteres ingleses.

¿A santo de qué tanto problema? Diréis. Bueno, es que para una tablet (o móvil) no vale conectar cualquier cosa, sino que es necesario que vaya por bluetooth o por miniusb y, además, ya que lo lógico es ver lo que uno escribe al mismo tiempo, por comodidad y por todo lo suyo es comprarse un teclado español que sea a su vez una funda que soporte de pie el aparato tecnológico con pantalla al que conectarlo o, por lo menos que tenga una zona donde incrustarlo y… ¡sorpresa! Aunque no hay muchos, hay unas cuantas marcas y modelos, de distintos precios que cumplen con todo esto, pero, repito, no es fácil encontrarlos por internet, así que, por una vez: mundo real 1, internet 0.

Mi teclado, desde el que estoy escribiendo esto, es un logitech (logicool en Japón) que soporta mi tablet y que he conectado como si nada. Tan solo he tenido que abrir el bluetooth, emparejarlo con una clave y escoger, de un menú, que la posición de las teclas es española. Cómodo, eficiente y que no sólo me servirá para escribir entradas en este blog, sino para otras muchas cosas como partes de mi futuro libro o de los que puedan estar por venir.

Espero darle tanto uso que se deshagan las letras entre mis dedos y que vosotros estéis ahí para leerlo.

Emociones encontradas con Tales of Hearts R

Tales-of-Hearts-R-PSVita-Wallpaper-4Hace no demasiado, ya en pleno verano con sus nada amigables oleadas de calor, cogí por banda una de las PS Vita que tenemos por casa y me dije que ya estaba bien de tener una partida de Tales of Hearts R sin tocar desde hacía meses y en la que estaba prácticamente al principio de la historia, ya que ni siquiera tenía personajes suficientes como para cerrar un grupo.

Después de esa decisión, me volqué de lleno en este rpg para portátil y lo hice, sobre todo, porque muy pronto estaba embriagada de todo cuanto veía. Como siempre, la amistad, el valor y el amor estaban en la cúspide de la trama de un juego de aventuras como éste y además había bastantes elementos de la historia tan cercanos (y similares) a los de otros de la saga, que me sentía bastante como Pedro por su casa, sobre todo a la hora de juguetear con el anillo mágico en los puzles o de calar quién sería la persona que traicionaría en esta ocasión a los miembros del grupo ya que hay dos cosas que nunca faltan: traidores y un momento de encierro/encarcelamiento.

Si por algo me ha encantado Tales of Hearts R y me decidí incluso a sacarle una buena multitud de extras (y hasta me he quedado con ganas de echar una partida plus gastando mi rank obtenido para comprar cosas como experiencia x2, guardar mi equipo y dinero, etc.) ha sido porque en cada pueblo había pequeñas historietas separadas o no de la trama principal, cada personaje tenía su trasfondo y todo estaba repleto de humor. ¡Era tan divertido encontrarse por ahí al Chef Maravillas o ver a la pintora Beryl picada y celosa de las demás! Aunque quizás, lo que más me ha gustado de todo ha sido el tener a un personaje sin ninguna emoción, tras perder lo que podríamos llamar sus fragmentos de alma (su espiria, en realidad) y ver cómo, poco a poco, según íbamos recuperando cada parte, iba siendo un personaje más complejo y rico, un personaje lleno de vida y esperanza tan encantador como bruto, y es que, buena parte del juego se basa en encontrar todas las emociones perdidas de Kohaku y, de paso encontrarnos a nosotros, como jugadores ya de lleno en un mundo de fantasía que se torna maravilloso, pese a las amenazas y problemas que nos darán un bofetón en la cara cuando llegue uno de esos giros argumentales necesarios para no tener la sensación del “¿y eso es todo?”.

Uno puede pensar, por defecto, que Tales of Hearts R es un juego menor, algo sin tanto contenido o diversión como uno de los Tales of de sobremesa, pero en realidad, la única diferencia es que está en pantalla grande de manera nativa (se puede con PS Vita TV) y que no podemos jugar con amigos, lo cual en mi caso es un fastidio porque a la mayoría de la saga le he dado caña con Moi, escogiéndonos cada uno a un personaje porque nos compenetramos muy bien en los combates, de manera que las decisiones las tomábamos juntos y luego en luchas nos turnábamos para los Hi-Ougi (ataques místicos megapoderosos) y cosas así. La soledad jugando no ha hecho que no pueda apreciar del título, ya que, repito, es grandioso, pero es cierto que hubiera preferido que saliera en PS3 o algo así, aunque eso hubiera supuesto que tardara aún más en finalizarlo por el tema de no podérmelo llevar por ahí y de encajar horarios con mi compi.

El mundo de Tales of Hearts R me ha llenado tanto que me alegro de tener una Vita por títulos como éste, tan especiales y con personajes que abrazan con sus alas y me hacen volar con ellos, que es justo lo que hizo el caballero de cristal, ese ser ficticio tan rico que se convirtió no solo en mi favorito de esta entrega, sino de mis predilectos de toda la serie.

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