the Strain: Vampiros que no muerden, pero succionan como ninguno

The-Strain-2

Es divertido, yo no sabía que era fan de Guillermo del Toro, pero lo era. ¿Un tío listo enamorado del terror que encima crea cosas chulas y que es un friki de cuidado? Ponedme dos tazas, por favor. Sin embargo, hasta que no comencé a ver The Strain en la tele, mi cabeza no me hizo recordar lo mucho que había flipado con el Laberinto del Fauno y ahí empezó toda mi aventura de exploración e investigación sobre el cineasta y escritor mexicano y todo por una pequeña obsesión provocada por su visión de los vampiros; suya y de su amigo Chuck Culkin, coautor de las novelas de las que nace esta serie que se estuvo emitiendo en Cuatro y que seguí religiosamente, mordiéndome las uñas, incluso con el poco respeto de la cadena hacia los televidentes durante la emisión de los dos últimos episodios.

La serie comienza con un accidente de avión, pero éste no se estrella ni los pasajeros terminan en una isla desierta ni nada por el estilo, sino que al aterrizar es cuando hay problemas ya que un vampiro súper poderoso había viajado ahí con su ataud. Aquí no hay viajes en barco, sino que directamente se  cuela dentro de todos los pesadísimos controles sin que le dé la luz y sin levantar sospechas, ¿y cómo? Pues con la ayuda de un multimillonario excéntrico que quiere algo a cambio, aunque podría no conseguirlo.

the-strain-104-recap-fxThe Strain tan solo cuenta con una temporada (aunque tiene una segunda anunciada) y en ella descubrimos cosas sobre el Amo, ese vampiro que se traslada desde Rumanía hasta Nueva York para sembrar el caos en nada de tiempo, ya que una vez que hace de las suyas en el avión y tiene sus infectados, a sus vampiros de primer orden, éstos no tardarán en buscar nuevas víctimas, que a su vez también querrán succionarle la sangre a quien puedan y si es a un ser querido, pues mucho mejor, ya que se cuenta que el amor, al transformarse un humano en strigoi, es la peor de las armas y ciega para que uno persiga sin tregua a aquellos por los que en su condición natural hubiera dado incluso la vida.

La serie es interesantísima, aunque en ocasiones es un poco desagradable por ver por ejemplo gusanos dentro de los ojos o alguna que otra escena gore, aunque toda esta violencia o el tema de los parásitos tiene su razón de ser y mola un montón. Los personajes no evolucionan demasiado, porque pasan muy pocos días y, de hecho, el médico que intenta tratar la epidemia de manera científica y que en cierto modo es el protagonista, termina peor, porque al principio parecía medio tonto y al final de la temporada ya queda confirmado que es idiota de remate, pero afortunadamente, un personaje hostiable (dos, si contamos que tuvo descendencia y que de tal palo, tal astilla) the-strain-episode-1-13-the-master-season-finale-promotional-photono fastidian la serie. Pero claro, tampoco mejoran escenas sueltas porque los secundarios y el resto del grupo tienen tanto peso, que se termina ignorando prácticamente todo lo que parte de un personaje que está como trasfondo de vida familiar, dentro de todo el caos que hay sobre Manhattan. Afortunadamente, el resto de personajes principales molan bastante todos (sobre todo el profesor que está de vuelta de todo y que no es la primera vez que se enfrenta al Amo) y también hay unos cuantos secundarios con sus momentos de gloria o con sus historias que enriquecen la trama.

Una cosa que llama la atención es que estos vampiros, aunque chupan sangre, no lo hacen mordiendo a nadie con unos colmillos, sino que tienen una especie de lengua hiperdesarrollada que lanzan a mala leche contra sus presas, buscando siempre arterias. Tampoco les hacen daño los crucifijos o el ajo… aunque sí la luz del sol. Todas estas cosas, se explican desde el principio y se van repitiendo o aportando más datos sobre su naturaleza, prácticamente siempre desde la voz de Setrakiam, el personaje más guay (de lejos) de The Strain, ése mismo que ya había tenido sus aventuras con el Amo, en Rumanía.

Por tanto, The Strain no es una serie normal de vampiros y, tanto es así, que en realidad me estoy leyendo las novelas, para así conocer las diferencias con la adaptación a la pequeña pantalla y también para saber lo que puede pasar más adelante, porque el mono tras quedarse tantos cabos sueltos era poderoso en mí, como el lado oscuro en Anakim.