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Ya me he leído el último de los libros de la saga de La guía del autoestopista galáctico, su Informe sobre la Tierra: fundalmentalmente inofensiva me ha dejado bastante triste porque las aventuras de Ford, Arthur y demás aún no habían acabado, pero al morirse el autor este final sin cerrarse es el que tenemos, sin llegar a descubrirse la pregunta a la que se responde con 42. Pero también es porque es un libro bastante más tristón, debido a que Douglas Adams dijo que como su último año había sido una mierda, que eso lo había reflejado en la novela que había decidido que sería realmente la última de la saga, pero tras las críticas de los lectores que no estaban contentos con un final así, dijo que quizás cinco no era un buen número después de todo y que se debería cerrar en una sexta que jamás pudo llegar a escribir, aunque lo hizo de manera póstuma otro escritor con el permiso de su viuda. Por ello, el quinto es el final de la saga desde el autor original, mientras que se considera que el sexto es el auténtico por cumplirse el deseo que él no llegó a cumplir.

En este libro vemos más a Trillian y a una versión alternativa suya, que en todos los anteriores sumados y eso puede hacerse un poco pesado para los no fans de este personaje (entre los que me incluyo) aunque existen buenos motivos para que ella aparezca tantísimo. También, Ford vuelve a lucirse continuamente y esta vez además, tiene dinero y hasta una tarjeta American Express, mientras que Arthur ha descubierto lo bien que se siente haciendo bocadillos con carne de animales completamente normales, pero mientras que cada uno está en un lugar de la galaxia, todos los universos y las líneas temporales siguen en movimiento, los vogones siguen trabajando en La guía del autoestopista galáctico en la que sobre el planeta Tierra tan solo rezaba la frase Informe sobre la tierra: fundamentalmente inofensiva, a pesar de todo lo que Ford había escrito acerca de ella tras vivir allí una buena temporada y… bueno, que descubrimos el sentido de esta guía, el auténtico significado que hay detrás de su elaboración y eso sí que es algo muy, muy pepino.

Reencarnaciones, muertes, maléficos planes… pero edulcorado con buen humor a pesar del pesimismo y la oscuridad que hay en esta historia de otra de las etapas de Arthur Dent, un inglés que un buen día dejó de ser normal pero que siempre que puede se aferra a lo que pueda hacerle sentirse un tío corriente que hace cosas sencillas y cotidianas, aunque le toque vivir cambios bruscos y asumir cosas de la noche a la mañana que ni podría imaginar que pudieran pasarle a él, que ya ha vivido de todo, especialmente teniendo a Ford cerca.

Como siempre, recomiendo la lectura de la saga porque es divertidísima y muy interesante e ingeniosa, aunque da mucha penita que su autor no fuera el encargado de acabarla como es debido, del mismo modo que dan pena algunas escenas tristonas al ser tan sencillo encariñarse con estos personajes tan carismáticos de los que se nos habla.